Si pudiera de golpe
arrinconar olvidos y semanas junto a los nidos de agua de mi secreta
cáscara.
Si lograra arrojar en las islas neutrales las cenizas
que muerden el árbol y las lágrimas, y pudiera dejar que una ecuación
rotunda insertase su atmósfera de pétalo en cada pabellón desamparado;
empapada de estrenos sobre un licor tardío bebería las notas de un
festival de espigas y de vuelos.
Pero apenas soy sangre que
retumba en los muros de la piel cotidiana, y en mis hombros fatales
amamanto a una araña de sal que desvaría.